El Edificio Carrión, conocido por el mítico cartel luminoso de Schweppes, es uno de los grandes iconos arquitectónicos de Madrid. Pero su historia comienza con una idea muy distinta: un moderno edificio residencial en la nueva Gran Vía de los años treinta.
Así nació uno de los símbolos urbanos más reconocibles de la ciudad.
UN EDIFICIO QUE DEFINE UNA ESQUINA DE MADRID
Hay lugares en Madrid que funcionan como referencias urbanas. La Puerta del Sol, la plaza de Callao, el inicio de la Gran Vía.
Y justo en ese punto, dominando la intersección de Gran Vía con la calle Jacometrezo, se levanta una de las siluetas más reconocibles de la ciudad: el Edificio Carrión, conocido popularmente como Edificio Capitol.
Para muchos madrileños es simplemente el edificio del cartel de Schweppes. Pero su historia es mucho más interesante: fue concebido como un proyecto arquitectónico innovador, inspirado en los rascacielos estadounidenses y pensado originalmente como un edificio de viviendas de lujo.
MADRID, AÑOS 30. UNA CIUDAD QUE QUIERE SER MODERNA
Cuando se proyecta el edificio, Madrid está viviendo un momento de transformación profunda.
La Gran Vía, iniciada en 1910, se había convertido en el gran experimento urbano de la capital: una avenida moderna que rompía el trazado medieval de la ciudad y conectaba distintos barrios.
En sus primeras décadas aparecieron teatros, hoteles, cines, edificios comerciales, residencias de alta gama… La Gran Vía era, en cierto modo, la ventana de Madrid hacia la modernidad.
El solar de Callao donde hoy se levanta el Capitol, se convirtió en una oportunidad única para construir algo distinto.
LUIS MARTÍNEZ-FEDUCHI Y VICENTE ECED
El edificio fue diseñado por los arquitectos Luis Martínez-Feduchi y Vicente Eced, dos jóvenes arquitectos que supieron interpretar las corrientes internacionales del momento.
Su propuesta se alejaba del historicismo dominante en muchos edificios madrileños y abrazaba una estética claramente racionalista y aerodinámica, influida por:
- el Art Déco
- la arquitectura moderna europea
- los primeros rascacielos norteamericanos
El resultado fue un edificio con líneas curvas, una fachada dinámica y una fuerte presencia urbana. En un Madrid todavía dominado por estilos clásicos, el Capitol parecía un fragmento de una ciudad del futuro.
Hoy hablamos mucho de edificios de uso mixto, pero el Capitol ya lo era en 1933, cuando se inauguró.
El proyecto incluía viviendas en las plantas superiores, un hotel, oficinas, locales comerciales y el cine Capitol, uno de los más modernos de la ciudad.
Era un concepto arquitectónico muy avanzado para su época. La idea era que el edificio funcionara como una pequeña ciudad vertical, algo que estaba empezando a experimentarse en otras grandes capitales europeas.
EL CARTEL DE SHWEPPES: UN ICONO INESPERADO
Curiosamente, el elemento que hoy identifica el edificio no formaba parte del proyecto original.
El famoso cartel luminoso de Schweppes se instaló en la fachada en 1972. Desde entonces se ha convertido en uno de los símbolos visuales más reconocibles de Madrid.
Su presencia ha aparecido en películas, fotografías urbanas, campañas publicitarias, retransmisiones de celebraciones deportivas…
Hoy es imposible imaginar el skyline de Callao sin él. Es uno de esos casos en los que la cultura popular termina redefiniendo la identidad de un edificio.
A lo largo de los años el Capitol ha vivido varias transformaciones. Las viviendas originales desaparecieron y el edificio fue adaptando sus usos a las nuevas necesidades de la ciudad. Pero su papel urbano no cambió: seguir siendo uno de los hitos visuales más potentes de la Gran Vía.
Si el edificio Telefónica representó el primer rascacielos madrileño, el Capitol simbolizó algo distinto: la llegada de una arquitectura moderna, dinámica y cosmopolita.
ARQUITECTURA Y VALOR URBANO
Los edificios icónicos no solo tienen valor arquitectónico, también influyen en cómo se percibe un barrio.
La plaza de Callao es hoy uno de los espacios urbanos más transitados de Madrid, y parte de su identidad visual se construye alrededor de edificios como el Capitol. Esto demuestra algo interesante desde el punto de vista inmobiliario: la arquitectura que define una ciudad termina influyendo en el valor de su entorno.
No es casualidad que las zonas con mayor identidad urbana tiendan a mantener su atractivo durante décadas.
El Edificio Carrión es mucho más que un fondo fotográfico para turistas. Es el resultado de un momento histórico en el que Madrid quiso parecerse a las grandes capitales del mundo. Un edificio que nació como vivienda, se convirtió en complejo urbano y terminó siendo uno de los iconos visuales más reconocibles de la ciudad.
Y quizá esa sea la mejor definición de la Gran Vía: un lugar donde arquitectura, comercio, cultura y vida urbana se mezclan continuamente.
